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Lunes, 30 julio 2018

LAS URGENCIAS DEL HUMANISMO ACTUAL (Por Vicente Langreo)

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En general son las más comunes de todos los tiempos. Se dice que de política, sexo, religión, economía, salud y deportes, opinamos todos, en este “campus” inmenso que es la Universidad de la vida. Nos lo sugiere la celebración del VIII centenario de la Universidad de Salamanca; pues si evocamos el pasado, vemos que antiguos problemas se hacen actuales y su solución, puede iluminar el presente, ayudando a el encontrar un pensamiento crítico y responsable.

 

 

[Img #289084]Es tema de todos los tiempos, la búsqueda  de una convergencia en la verdad, mediante la lectura inteligente de la realidad, pensada para  comprenderla y además, teniendo en cuenta la aportación del Cristianismo, con la afirmación evangélica:“la verdad os hará libres” y saber elegir lo trascendente y eterno, frente a lo temporal y lo efímero. Pero que después de los dos milenios da cultura cristiana predominante y con protagonismo en muchos avances, en  verdaderos valores éticos, culminando en el conocimiento de salvación, incluidas la vida, la libertad y la propiedad, resultan hoy  amenazadas a escala universal, por toda clase de vicios, pos-verdades e injusticias. Esto se explica porque la búsqueda de la verdad, es secuestrada y orientada a fortalecer el poder y el tener, el producir y el consumir; y en lugar de servir para conocer y educar al hombre, cuando lo que se intenta dominarlo, económica y políticamente, y sin pensar en el bien común, que exige el cumplir los deberes que corresponden a los derechos. El cometido de la Universidad, continuadora de las escuelas y academias antiguas, es buscar la sabiduría como meta  señalando derechos y  deberes, los fines de todos y el bien común.¿Es coherente la eutanasia, la interrupción de la vida no nacida  y negar la diferencia de género y con un  populismo sin exigencias en nombre del igualitarismo  y eliminando la excelencia intelectual y moral?

 


 Para la convivencia y el desarrollo económico, formular las leyes y señalar los  valores morales, junto con la tecnología y la ciencia, siempre han existido filósofos, teólogos, humanistas, políticos y científicos, que aportaron destellos de una sabiduría extraída de la creación de Dios; de modo que a medida que aumentan nuestro poder sobre el mundo, nos inducen a pensar, que en gran parte, el mundo está en nuestras manos y que Dios nos lo encomienda para nuestro bien. Hay quienes piensan que vivimos  un humanismo descentrado, que nos estamos jugando el futuro, y que el siglo XXI que hemos iniciado, es el siglo de la gran prueba, que exige buscar alternativas para cuidar la naturaleza y también para los dramas humanos de nuestro tiempo. Hay problemas mundiales como el calentamiento climático, pérdida de suelos fértiles, la deforestación y defaunación, con inundaciones costeras, la escasez de agua dulce, extracción de minerales y  la contaminación global. Los animales no saben que van a morir, el hombre si y además mata a otros. Hay también un humanismo ecológico, que ve al mundo como santuario y en él al hombre como su cuidador; pero además existe y un humanismo deshumanizado, de orfandad, donde no nos sentimos responsables ante el Dios  a quién negamos y a la vez capaces hasta de someter y cambiar todo.

 


Pero el cristianismo  enseña una fraternidad universal llena de problemas. Somos  limitados y enfrentados a una barbarie. Si estamos destinado a la salvación con la ayuda de Dios, y si no somos “una pasión inútil”, sino llamados a vencer a la muerte tras de experimentarla -como creados a imagen y semejanza de Dios – no cabe el conformarnos viviendo en una suficiencia engañosa; pero podemos hacer el bien por las virtudes teologales y morales, con  Mandamientos y  obras de Misericordia. Así con el verdadero humanismo, desde “la verdad, que nos hace libres” trasformaremos el mundo, según el querer de Dios, dominar la tierra y el espacio, ser guardianes de la creación, y sabremos descubrir en ella la grandeza de la creación y al mundo, como plenitud del Misterio de Cristo al  que hemos sido llamados. 

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