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Jueves, 26 julio 2018
CAVILACIONES EN RUIDERA

CUANDO ANTAÑO EMIGRASTE A ALEMANIA Y A OTROS PAISES EUROPEOS (ll) (Salvador Jiménez Ramírez)

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OPINIÓN | ELDIAdigital 1 Comentario

Cuando llegaste a Alemania, te sentiste envuelto por un aroma y manto glacial, de blanco muy negro y con un habla con expresiones e inflexiones que deshacían el sonsonete y resonar de las voces y palabras de tu mundo…

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Al desconocer el idioma y costumbres de aquellas gentes, tuviste que aceptar el puesto de trabajo que ellos no querían… Allí empezaste a descubrir terquedades de la vida, imaginando lo imposible de muchas vidas humanas. Durante las jornadas de faena, pensabas que el destino o las incomprensibles leyes de la propia vida, no tenían “piedad” con multitud de seres humanos, abandonándolos, dejando que el discurrir del tiempo, el egoísmo y supremacía de otros individuos, les fueran colocando unos impedimentos, comprimiéndolos hasta  transformarlos en inexistencia u olvido.

 

A veces se te olvidaba cuando llegaste al (entonces) insólito país… El tiempo lento como un glaciar se deslizaba a tu lado y no sabías los años que habías vivido; tratabas de sumar padecimientos, regocijos, cumpleaños y aún así no lo sabías. Algo no encajaba; era algo como una espesura sin sombras; un obscuro marañal del que emergían días y noches sin principio ni fin… Cuando zumbaba la sirena de la industria, para la fugaz pausa del sustento del mediodía, determinada en el contrato, confuso y apenado, junto con el tumulto de compañeros de “armas”, cual estampida de ganado, salías pitando camino del barracón, para ingerir deprisa y corriendo un calandraco del que emanaba un tufo a bazofia, de despojos de équido cansino… Se “horrorizó” hasta tu aparato digestivo…

 

En los días de descanso y en las trasnochadas, el escenario de tus sueños, no era otro que los parajes de tu infancia… Y en el espanto de muchos insomnios, desmadejabas la urdimbre de tu destino; de muchas falsas verdades y de la buenaventura de los elegidos por los dioses… Y no paraba de martillear en tu sesera aquella frase de un  colega salmantino y exlegionario de la legión gala, emparejado con una chica francesa, tal vez, tratando de ennoblecer al sociólogo G. Tarde, que: “buscábamos  lo imposible a través de lo inútil”. Y te enamoraste de una joven española que, en la “cinta transportadora de piezas” quedaba detrás de la máquina; atenuada pero mañosa y estética, con el esfuerzo de vencer la marginación del mundo reflejado en su rostro, como buscando lo imposible… Había en su ser expresiones de muchos sentimientos, con  su grácil figura que no surgía del todo y su mirada que escribía odiseas sin trazos… Pero las flaquezas, o el “Todo” es egoísmo y nada, quebraron aquel amor… Y aquellas nostalgias se van deslizando y escondiendo en los intersticios de tu memoria, la que, poco a poco, se va despidiendo del contacto con la vida… 

 


Que nadie te preguntase por qué te fuiste al extranjero… Residías en un pequeño pueblo, malviviendo en un humilde hogar con dos o tres ventanucos y un carcomido portón, cuyas persianas eran  sacos de arpillera y unas lonas viejas, deshilachadas, desgarradas por el viento, el sol y el tiempo. Durante las jornadas de trabajo en el extraño y lejano país, atrapando recuerdos, pensabas en silencio cómo viviría tu familia sin ingresos… En el culebrear del dolor de tus sensaciones, por las dimensiones pálidas que llenaban las lejanías, querías que el correo llegara pronto… Sonaron tambores de victoria, gozos de aves en los cañaverales y campanillas de animales enjaezados en  carruajes camino de la sementera, cuando cobraste tu primera e indescifrable nómina…

 

Y creías haber conseguido el mundo cuando enviaste a tu progenie un primer giro bancario, de siete mil pesetas u ochenta marcos. Después de catorce meses de trabajo en el remoto territorio de “La Europa”, de nuevo organizaste tu desmadejada maleta y regresaste con unas semanas de vacación a la tierra que te vio nacer… El viaje lo hiciste en avión; en un avión bronco y bamboleante, (como el tren aquél, cuando tomaste por primera vez el portante) que solo cubría migraciones obreras, de la villanía y mercancías. Te sentiste emocionado y atolondrado, al verte encerrado y suspendido en el aire, en aquel aparato tan desconocido para ti. Pero todo fue normal salvo cuando el “ingenio volandero pilló algunos baches”…  Todo  fue como un breve sueño, porque al poco de despegar, una azafata, al verte sobrecogido, te ofreció en una bandeja con cosas de comer, que tú no habías probado en tú vida. (Finaliza en el siguiente capítulo).

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1 Comentario
Ros y Osvaldo
Fecha: Domingo, 5 agosto 2018 a las 22:23
El autor nos brinda un florido e íntimo fresco de las vivencias de los migrantes de antaño y de siempre. Hacer los trabajos que los nativos no querían ... recordar la infancia y encontrarse con falsas verdades ... giros bancarios a familias sin ingresos ... Que se repitió para muchos sudamericanos en España hace unos años ... Todo reflejado aquí con muchos sentimientos y lucidez en vivid prosa

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