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Lunes, 30 julio 2018

PERSONA Y RESPONSABILIDAD (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

[Img #290233]“Si quieres saber cómo es “Perico” dale un “carguito”, decía un prohombre de nuestra provincia cuando quería saber la verdadera dimensión de una persona en la que tenía que delegar un cargo de importancia. Empezaba por confiarle puestos de poca responsabilidad y hacía un seguimiento de su desempeño, analizaba si el cargo podía con la persona o al revés. Un síntoma que no fallaba, decía, era estudiar el posible cambio que experimentaba en su comportamiento. Si se mantenía como siempre, buena señal, si se mostraba altanero, ya había llegado a donde iba. Persona y cargo, talla y responsabilidad, buen baremo para saber cómo es cada cual.  

 

Hace años, un político de la provincia comenzaba a hacer sus pinitos en este, digamos, desconcertante mundo de la política. Cierto día estando servidor tomando café con un amigo, el entonces candidato a la que iba a ser su profesión por muchos años, no tuvo el menor reparo en acercarse y saludarme de una manera tan desproporcionadamente efusiva que me hizo pensar por un momento cuando demonios le había salvado yo la vida. Nos conocíamos de vista pero utilizó ese pequeño trampolín para saltar a una aparente amistad inexistente. Luego consiguió salir elegido…y desde entonces ya ni me mira por la calle cuando nos cruzamos. Como dice un refrán castellano, “con las glorias se olvidan las memorias”. Pobres estos buscavidas de la política que hacen de ella una profesión para los restos.

 

Decía Paul Henry Spaak. Que “La tontería es la más extraña de las enfermedades. El enfermo nunca sufre, los que de verdad la padecen son los demás”. Y es que lo peor que puede sucederle al político es no darse cuenta de que con una cierta actitud está haciendo el ridículo.

 

Las "tonterías y estupideces políticas" hacen de quienes las practican unos seres vacíos y torpes, unos seres ridículos, fatuos, irracionales y engreídos. La tontería y la estupidez anulan la inteligencia y los sentidos, tan solo alimentan el comportamiento fantasmal y por todo ello, es una enfermedad que sufriéndola el estúpido la padecen los que tienen  que aguantarlo…en este caso los sufridos empresarios catalanes. Y termino, creo que ya me he explicado bastante.

 

Cuando alguien tiene una estatura personal pequeña cualquier cargo al que acceda, cualquier responsabilidad que ejerza supondrá para él una intoxicación mental inmediata. Sin embargo, cuando la persona tiene categoría y es válida, los cargos que pueda ostentar, por importantes que sean serán digeridos con naturalidad porque la persona estará por encima del cargo. La vanidad y la humildad, la incapacidad y la suficiencia, dos maneras de demostrar la hondura personal.

 

Siempre he valorado el comportamiento uniforme de las personas a través del tiempo. Aquellas que pese a ser lo que sean, hayan triunfado en la política, en los negocios o en cualquier faceta de la vida, mantienen con naturalidad el mismo estilo en su trato. Ahora vienen a la memoria amigos y compañeros que han llegado muy lejos en sus ilusiones y siguen siendo los mismos que cuando nos subíamos de chavales a los tejados.

 

Transformar el comportamiento por mor de ser más rico o más poderoso delata una pobreza mental llena de “simplejos” que así llamo yo a los complejos de los incapaces y trincones.

 

La verdadera talla de cada uno la calibran siempre los que están enfrente y sin espejos. Hoy pertenecemos a dios gracias a una sociedad en la que todos estamos jugando sobre el mismo tapete de la vida ocupando unas casillas personales que tienen todas también las mismas dimensiones. Al fin y al cabo todos nosotros, somos piezas en este enorme ajedrez que es la vida en la que cada uno tiene una importante función, cualquiera que sea su puesto. Y es que, como reza un viejo proverbio italiano: “Después de la partida, el rey y el peón vuelven siempre a la misma caja”. Y nosotros, también.

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