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Jueves, 2 agosto 2018

HORIZONTES DE ESPERANZA (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

[Img #290634]Dino Segré fue un popular periodista y novelista italiano de la primera mitad del anterior siglo XX; irónico, sarcástico, caustico en el lenguaje, de origen judío, muy criticado por los suyos, antifascista perseguido por los nazis huido a Suiza y exiliado más tarde en Argentina, empleó para los análisis que hacía de la sociedad de su tiempo un lenguaje irónicamente contundente sin concesiones ni salvedades para nadie. Su fino estilete periodístico resultó muy incómodo para la hedonista y aburguesada sociedad de su tiempo. Pues bien este italiano de expresión dura fue autor de la siguiente frase:” El hombre no vive, como las bestias salvajes, en un mundo de cosas meramente físicas, sino en un mundo lleno de signos y símbolos”.

 

Si en algo se diferencia el hombre de los demás animales es en la  capacidad que posee de preguntarse, de interrogarse, de censurarse, de analizar lo que sucede a su alrededor y a él mismo; de poder utilizar los cinco sentidos penetrando más allá en la realidad que existe a través de ellos para además de ver, mirar; escuchar al oír, sentir al tiempo que palpa, pensar, gozar, sufrir y… amar.

 

El hombre actual, positivo, hedonista, inmediato, pragmático, impresionado por sus conquistas, vive actualmente tan pegado al suelo que lo sostiene, a las posibilidades físicas que los conocimientos e inventos le procuran que difícilmente puede atisbar más allá de su “estatus” y “estatura”. Vivimos admirados por lo que podemos hacer, sobre todo por lo que podemos realizar, también por lo que creemos saber y por lo que poseemos, pero mostramos muy poco interés en saber quien somos, donde estamos y sobre todo porque y para qué vivimos. Esta filosofía que tenemos de una vida a ras de tierra donde prima lo tangible, lo físico, lo sensorial, conlleva el importante inconveniente de no poder ver ni oír lo que existe en la distancia, en los amplios horizontes que la naturaleza nos ha puesto, menos próxima pero más altiva y convincente a la hora de responder a nuestra puntual situación vital.

 

Es el enorme peligro de vivir de una manera estrechamente racional, pseudo intelectual y emocional actuando de manera meramente instintiva dando respuestas inmediatas y primarias, a cualquier contratiempo con que nos sorprende nuestra, creemos, controlada existencia, sin estar atentos a los signos que se nos presentan y que hacen preguntarnos, como animal racional, esperanzado, ilusionado y amante el porqué de nuestra naturaleza tan bella y tan cobardemente egoísta con los más débiles, con los indefensos, con los” imperfectos”.  Dejemos de mirar permanentemente al suelo.  

 

El horizonte, la esperanza, la mañana que nos trae al nuevo día,  lluviosa o nublada, soleada y templada o heladora, es el mejor signo vital de lo imprevisible, variada y sorprendente que es nuestra existencia. Salgamos a su encuentro sin  recelo.

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