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Lunes, 13 agosto 2018

EL RAYO DE LA AURORA (Por Eduardo Martínez Rico)

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Para Paulina Martínez

“Todo lo inventa el rayo de la aurora”, escribió Jorge Guillén.


    

[Img #291731]Francisco Umbral hizo uno de sus primeros artículos con el tema de “La mañana”. Iba a trabajar muy temprano y recorría toda la ciudad, Valladolid. En su artículo reflejó poéticamente lo que veía. La cita de Guillén la puso encabezando el artículo.
    

Aún no ha llegado ese rayo guilleniano. Aún no ha amanecido.
    

La mañana, la madrugada, es un momento ideal para encontrarse con uno mismo y para trabajar.
    

Un momento de concentración, de placer, un momento en el que el trabajo cunde mucho, como si se hiciera a sí mismo, solo.
    

Aún es noche cerrada. Pocos coches circulan por la calle. Las farolas regalan su reflejo a las carreteras y a las aceras. Todo es nuevo, aún no ha sido estrenado.
    

Mejor dicho, aún no ha sido fabricado. Está haciéndose.
    

No hay viandantes. La vida apenas se ha puesto en marcha, en ese instante mágico que separa dos días, el ayer y el mañana.
    

El hoy, el ahora, es una incógnita. Un difícil equilibrio, una armonía que en cualquier momento puede romperse.
    

Pronto, sin sentirlo, todo desencadenará su movimiento.
    

La luz, el astro Sol, asomará en el horizonte, en la montaña. Como quebrándola, rompiéndola, en un parto grandioso. Pero suave. Progresivo.

La carretera se llenará de coches. Las aceras de gente.
    

Pronto todos se levantarán de sus camas y tomarán su café, su zumo, sus galletas… se vestirán e irán a trabajar. A sus quehaceres. A sus ocupaciones.
    

Pero aún no ha ocurrido eso. 
  

Aún es de noche. El pueblo duerme. El mundo duerme.
    

Hay sin embargo muchas, muchísimas luces por todas partes. Alumbrado público que no descansa.
    

Como no descansan las gasolineras, o al menos algunas gasolineras.
    

El Diccionario de la Real Academia Española define el “alba” como “primera luz del día antes de salir el sol”.    
    

Es  hermoso ver cómo ese rayo asoma, como un inmenso flash, un flash que apenas se insinúa al principio, que es apenas un punto, un punto que crece y se desborda, y crea la mañana, y todo el día, y la vida, y quizás toda nuestra vida.
    

Un rayo que recorre todo el planeta, todo el globo, y que no puede quedarse quieto, y que mientras se derrama generoso por la tierra, va creando también la noche. La noche que todavía tenemos ahora, mientras los coches van haciéndose cada vez más frecuentes y el sueño va quedando atrás, en medio de nuestros anhelos y esperanzas.
    

De nuestros proyectos, que van dejando de serlo porque se han convertido en realizaciones, sin que nos hayamos dado cuenta.
    

Porque así es el ser humano, que se afana y se afana hasta que consigue lo que soñaba y lo deja atrás, depreciándolo, porque ya tiene su mirada puesta en el próximo sueño.
    

Persiguiendo, tal vez, eternamente, el alba, esa primera luz de la mañana, ese rayo generador, creador, que manifiesta, después de todo, que el hombre nunca está solo, nunca lo estará.

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