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Sábado, 25 agosto 2018

EL PADRE ARRUPE SERA BEATIFICADO (Vicente Langreo)

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Hoy son admirados con pasión los deportistas, cantantes, estrellas de cine, y los sabios, los ricos y hasta los delincuentes; en cambio la santidad apenas tiene relevancia en este mundo; por eso la ejemplaridad de los santos de todos los tiempos – lo selecto de la Iglesia -brillan en la sociedad y muestran testimonialmente, el verdadero sentido de la vida, en este mundo seducido por injusticias, odios, vaciedades y hasta mentiras.

 

 

[Img #293023]Miguel Lamet, biógrafo del P. Pedro Arrupe S.J,. lo llama testigo del siglo XX y profeta del XXI. Dios fue siempre lo primero en si vida. Vasco como S. Ignacio, ingresó en la Compañía de Jesús en los años de la II República Española, cuando los Jesuitas fueron expulsados de España. Estudiando medicina en Madrid, el profesor D. Juan Negrín, luego Presidente Republicano, lo recordaba en 1936 “¿Ese muchacho va a abandonar los estudios? Será la mayor equivocación de su vida.”Los jóvenes jesuitas tras el Bachillerato, cursaban carreras civiles, las practican y luego estudian la Teología antes de ser ordenados sacerdotes. Cuando cursaba la Filosofía en Oña, la Compañía de Jesús fue expulsada de España, y como otros vivió un tiempo en Holanda y en Bélgica, donde fue ordenado sacerdote y de allí pasó a los Estados Unidos a completar la Teología. En Nueva York conoció las duras cárceles de presos  los hispanos, algo que le impactó, descubriendo que junto al dolor, siempre está el puesto del sacerdote. Y desde allí fue destinado al Japón donde vivió la dureza de la guerra desde el 1942 

 


En un barracón de Tokio, que hacía de guardería de los hijos de los trabajadores por la mañana y escuela de adultos por la noche, ya suscitó las primeras conversiones; estaba  convencido de la fuerza de sus acciones, gracias a Dios; dejando en ellas un poco de su corazón, pero lo que de verdad quería era dejar el corazón de Cristo. Allí se esforzó por la inculturación  mutua, entre el cristianismo y el alma japonesa. Acusado de espionaje como extranjero, Arrupe en  su pequeña celda, cautivaba a sus carceleros con unas  catequesis improvisadas. Y conseguida su libertad, creían emocionados que se marchaba, pero la realidad ara Cristo quién se quedaba con ellos. Luego en las afueras Hiroshima  era maestro de novicios. Llevaba una vida sencilla y austera, hasta limpiaba los zapatos a los novicios, dormía cinco horas, todos los días llamaba a la hora santa en la capilla, y hacía más de una hora de oración hasta que cayó la  I   bomba atómica.

 


La II bomba fue el día 6 de Agosto del 1945, por las mañana sonaron las alarmas como otras veces y también como fin del peligro, cuando a los cinco minutos  explotó la II bomba, el P. Arrupe llegó celebró la Eucaristía en el noviciado y lo convirtió en un hospital improvisado para salvar vidas. En la ciudad las primeras 24 horas fueron terribles. A uno que estaba preparándose para ser cristiano que había quedado en carne viva, lo bautizó. Solo Dios es el dueño de todo Al estallar la bomba a 1,500 metros, dice  uno  se acercó a, P. Arrupe y  pidió el bautismo. Después del Concilio Vaticano II, fue elegido y nombrado prepósito general de la Compañía y la gobernó hasta su renuncia. El momento era difícil, Pablo VI quería la aplicación del mismo, era la hora del diálogo y de “Evangelii nuntiandi” El P, Arrupe, nombrado Prepósito General de la Compañía, se abrió más al mundo, ocasionando extremismos peligros de rupturas, por cambios, secularizaciones y por de la Teología de la liberación sobre sus  riesgos y  peligros.

 


Todo esto motivó que el P. Arrupe presentara su dimisión, que Juan Pablo II  no aceptó. Y al regreso de su viaje por las iglesias de Asia sufrió una trombosis  cerebral que le paralizó el lado derecho y el Papa nombró un delegado personal para gobernar la Compañía y obedecieron, hasta que en 1983 fue nombrado un sucesor. Hoy el P. Arrupe es recordado, como santo y profeta actual. El  General de la Compañía ha ordenado que recojan las obras, escritos y testimonios, para iniciar el proceso de su beatificación

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