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Sábado, 25 agosto 2018
Cavilaciones en Ruidera

CUANDO ANTAÑO EMIGRASTE A ALEMANIA Y A OTROS PAISES EUROPEOS (Y lll). Por Salvador Jiménez Ramírez

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OPINIÓN | Salvador Jiménez Ramírez 3 Comentarios

Con la cabeza en el respaldo del asiento, mirando a una realidad que te atemorizaba, traspasando la ventanilla del avión, cansado con el curso de tus sueños, nublado todo con un imperio de imágenes, y tu imaginación sabía dios dónde más, te pusiste a pensar en lo que se iba quedando atrás y en lo que, con la idea somnolienta de la vida, te iría saliendo al paso…

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Contemplando la tierra desde las alturas, olvidando levemente, te parecía mentira, que todo allí abajo, estuviera movido por el egoísmo, como parte de la normalidad de la vida con sus catástrofes y cataclismos universales… Tan confuso y trabajoso te resultaba todo de ponerlo en orden que, poco a poco,  fuiste dejando de añorar y pensar, hasta que oíste como un sonido traslúcido o de caracola, que el avión iba a aterrizar… Al salir del aparato te sentiste envuelto por la calima del aeropuerto y el sol abrasador, que tantos días te había achicharrado en las faenas del campo de tu pueblo… Miraste al cielo y a las estantiguas que danzaban ingrávidas a lo lejos, en el flamear del suelo y captaste sensaciones que te entraron por el “alma”… En el aeropuerto alquilaste un taxi que te llevó a una estación y tras larga singladura, otro vehículo que te porteó  a tu pueblo… Eran tan grandes los deseos que tenías de ver a los tuyos y a tu tierra, que no te importó el dinero gastado en el viaje. La carretera, con una claridad y terrosidad que duraba, te parecía demasiado estrecha… El coche no corría lo que tú deseabas… A medida que te fundías con el símbolo de la Llanura Manchega, hubo un descanso en el espectáculo del paisaje y una tardanza en tu afán por llegar pronto… Fue un lapso de profundo y denso silencio, como si algo indefinible impregnara el ambiente. De nuevo saltaron ante tu mirada las mismas casas de tapias medio caídas, que captaste en tu angustiadora ida, pintarrajeados los testeros con garabatosos rótulos, con los que se anunciaba: “SEBENDE ESTE SOLAR”. No es posible, te decías que aquel universo de tu infancia, permaneciera aventurándose por encrucijadas, entre incultura, hambre y hambre… El reloj de una exfoliada torre, mimetizada con los llanos, en un mediodía bochornoso y calimoso de los últimos días del mes de julio, sonó ruidosamente con campanadas largas y metálicas, mientras el pueblo se abrasaba al sol… A un lado y a otro de la carretera, barbechos rojizos y rastrojeras amarillentas… La calina flameaba las besanas, fundiendo los surcos, que parecían succionados por el cielo… Las vides “imprimían” en los universos sensaciones de frescor y te hacían soñar las ondulaciones de pequeños mares de sembrados, aún sin guadañar… Había algo en aquel paisaje que, con sus pequeños pueblos, aldeas y las quinterías de los labradores, solitarias en los labrantíos, resultaba sublime y a la vez deprimente. Al llegar al pueblo, tus familiares te esperaban junto a la casa; tu madre corrió hacia el coche, estaba impaciente por verte de nuevo… Te miró con ojos tristes y llorosos, en su estado visionario siempre, con el ocaso de muchos soles en su rostro, al tiempo que exclamaba: ¡hijo mío! En su mente parecía haber un solo pensamiento: “si mi hijo pudiera estar siempre a mi lado…”. A medida que venía hacia ti y te rodeaba con sus brazos, tú viste que aquella mirada y aquel pensamiento, soñando entre sombras, recuerdos, anhelos y olvidos iban más lejos de aquel universo… Eran como un clamor callado que rompía con el tiempo y el espacio y se perdía, tratando de hallar respuesta, en el infinito… Tu padre apenas si pronuncio una palabra… Y madre, padre e hijo, os mirasteis profundamente, como un rito que se entrometía en vuestra conciencia de sentir y existir. (La foto plasmó una pequeña y residual era, junto a la laguna del Rey, donde se trilló la última parva de trigo en Ruidera).      

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3 Comentarios
Osvaldo y Rosa
Fecha: Domingo, 9 septiembre 2018 a las 14:34
La narración es un verdadero poema cuyo título sería "por el curso de tus sueños", sueños que muchos han podido conseguir y otros no. ... nuestro aplauso a tu sensibilidad, a tu añoranza y a todo lo que pertenece a lo emocional de un ser profundamente humano. Rosa y Osvaldo
Ángel Rafael Mora Alcázar
Fecha: Domingo, 26 agosto 2018 a las 06:52
Aquellas parvas y aquellas eras, han pasado a mejor vida, el paso del tiempo va borrando como de un plumazo, actividades y trabajos muy duros, pero muy corrientes y normales no hace tantos años, pero muy humanos......
Laura A. Bort
Fecha: Domingo, 26 agosto 2018 a las 02:20
Sólo quienes hemos vivido lejos de nuestra patria y de nuestra tierra sabemos lo que se siente al irnos y al volver a ella. Salvador Jiménez Ramírez además de haberlo vivido y sentido, sabe narrarlo y describirlo de manera que al leerle podemos imaginarnos lo que vieron sus ojos, lo que sintió su alma y lo más grandioso e importante; cómo fue el momento en que se fundió en ese abrazo, esa mirada y esas palabras que sólo puede sentir y decir una madre... Emocionante el intacto y dulce recuerdo de esos instantes...

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