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Viernes, 31 agosto 2018
Día para el Cuidado de la Creación

CUIDEMOS LA CREACIÓN (Francisco Villacampa)

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OPINIÓN | ELDIAdigital 0 Comentarios

Es conocida la historia del Jefe Indio de una tribu en Seattle cuando en 1854 escribió una carta al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Pierce, quien se disponía a ocupar el territorio en el que durante siglos había vivido la tribu Suwamish.

 

 

En esta carta el jefe indio, lejos de reivindicar fervorosamente sus derechos territoriales, realiza un sereno manifiesto en defensa del medio ambiente y la naturaleza. Siglo y medio después, esta carta se encuentra plenamente vigente y conviene tenerla presente. Para quien aún no la conozca es fácil localizarla en internet. 

 

Entre otras cosas, el jefe indio decía “enseñen a sus hijos que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.

 

El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”.
De forma similar, el papa Francisco en su encíclica Laudato si’ (2015) ha recordado que “todo está relacionado y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, como tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra” (LS 92)

 


Los problemas medioambientales se han agravado durante los últimos años. El fuerte crecimiento económico y los avances tecnológicos en algunos lugares del planeta están provocando un uso excesivo de los recursos naturales y una acumulación grande de deshechos que se van depositando en la tierra y en la atmósfera, en los ríos y en los mares. Si no queremos llegar a la destrucción de la casa común y de sus habitantes, hemos de abordar responsablemente esta crisis del medio ambiente. 

 


La novedosa y sorprendente carta-encíclica del Papa Francisco propone un nuevo modelo de ecología integral que viene a llamar la atención de todos, creyentes y no creyentes, sobre cómo estamos utilizando y cuidando el planeta, la creación de Dios; y cómo esa falta de cuidado está originando problemas e injusticias en la vida social y económica. La encíclica hace un repaso por la forma en que nos relacionamos, convivimos, trabajamos, sus resultados y los efectos sobre los recursos en el futuro. 

 


Nuestro actual modelo de desarrollo nos presenta algunas falacias que nos hacen creer que las necesidades humanas básicas son infinitas e ilimitadas. Y que el desarrollo nos conduce a un estado de riqueza y de felicidad pleno. Esa falsedad nos lleva a creer que sólo con crecimiento económico mejorará la distribución de la riqueza como forma de combatir la pobreza, para resolver todos los problemas creados, precisamente, por el crecimiento económico. 

 


No vale el modo en el que estamos organizando nuestra vida sobre el planeta, cómo estamos viviendo nuestras relaciones con la Tierra, entre los pueblos, entre las personas, en el interior de las sociedades y también con nosotros mismos. No valen los actuales modelos de economía y política, la concepción de progreso y desarrollo. Como tampoco valen los valores en los que, como grupos humanos, estamos edificando nuestras vidas. Todo ello conforma un estilo que nos aturde, nos vacía por dentro y sólo nos llena por fuera. 

 


Por eso Laudato si’ nos invita a que muchas de estas cosas deben reorientar su rumbo y nos insiste en que la humanidad necesita cambiar. Que hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. El papa nos pide: “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (LS 111)

 


La celebración de la Jornada de Oración sobre el Cuidado de la Creación, instituida cada 1 de septiembre por el papa Francisco tras la publicación de Laudato si’, es una buena ocasión para reflexionar sobre lo que cada uno de nosotros puede hacer para la atención de nuestro entorno. Es un momento propicio para considerar que cada impacto, cada detalle, cada acción en nuestro modo de hacer las cosas provoca una reacción en el entorno –en el cercano y en el que nos parece más lejano–. Que todo gesto tiene su responsabilidad: nuestra forma de consumo no sólo con el dinero sino también con la alimentación, nuestro abuso de la energía, la forma de gestionar los residuos, nuestra forma de desplazarnos y el uso racional de vehículos y transportes, la participación en el inquitante avance de los medios tecnológicos… Todo puede crearnos unos hábitos poco ecológicos que sin duda revertirán negativa y directamente en el cuidado de la naturaleza y nuestro entorno más cercano.

 


“[…] la luz te envuelve como un manto. Extiendes los cielos como una tienda, construyes tu morada sobre las aguas; las nubes te sirven de carroza, avanzas en las alas del viento; […] Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás “ (Salmo 104, Alabanza al Creador)

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