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Lunes, 3 septiembre 2018

LA DESPEDIDA (Por Eduardo Martínez Rico)

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Mi último día en Pontedeume. Mi último día de vacaciones.


    

[Img #294480]Vacaciones relativas, porque he trabajado mucho: he hecho dos presentaciones de mi novela “Confesión” y he escrito bastante. También he hecho fotos, entre lo profesional y la pura diversión.
    

 

Pero lo que voy a contar es plenamente transferible.
    

 

Me despido de Pontedeume, el pueblo de mi padre, mi lugar de veraneo, donde tanto he disfrutado, tanto he aprendido, mi segunda casa, tal vez la primera, junto con Madrid, mi ciudad natal, redescubierta para mí tan sólo hace unos años.
    

 

Hoy me he despertado, como suelo, con el alba, o antes del alba.
    

 

Lo miro todo, como imaginándolo, como inventándolo. El paisaje, el río Eume, los árboles, el verde, el cielo, la ría de Ares… el Puente de Piedra, el Puente de Hierro…
    

 

Todos estos lugares me dicen algo. Cada rincón guarda agazapado un recuerdo para mí.
    

 

Seguro que a vosotros, mis lectores, os ocurrirá lo mismo con lugares queridos, muy frecuentados, lugares que ya se puede decir que son “vuestros”, parte de vuestro cuerpo, de vuestra alma.
    

 

Antes de venir aquí notaba que Galicia, estas tierras, me llamaba. Ahora noto que Madrid me llama.
    

 

Me voy con la sensación del deber cumplido: he trabajado mucho, ya digo, pero también he descansado, he disfrutado.
    

 

Siempre me da este espacio algo maravilloso; siempre vuelvo a Madrid mucho más rico de cómo me fui, espiritualmente, y físicamente más fuerte, recuperado.
    

 

Siento una gran plenitud cuando regreso a Madrid. Pero también siento pena, melancolía.
    

 

Amo esta tierra. Aquí tengo muchos amigos. Pontedeume y Cabanas, la Ría de Ares, la Ría de Ferrol, Ferrol, A Coruña, son mi casa. Yo siento todo esto como mi casa. No nací aquí, pero llevo viniendo desde muy niño. Cuando tenía  meses, en mi primer verano, no pudimos venir aquí porque hubo una marea negra –se hundió el petrolero “Urquiola”.
    

 

Fuimos toda la familia, primos y tíos, a Sanxenxo.
    

 

Pero desde entonces todos los veranos he venido a esta zona. La quiero, como a una novia, como a una esposa, como a una madre, como a una gran amiga.
    

 

Aquí me hice adolescente, aquí me hice mayor, adulto… Aquí he sentido el paso de todas mis etapas de hombre. Es posible que este verano haya atravesado alguna de estas fronteras.
    

 

Así lo siento yo.
    

 

Por eso, una vez más, le estoy muy agradecido a Galicia y a estas tierras.
    

 

Y por eso, una vez más, me despido con todo mi cariño, con todo mi amor, esperando reencontrarla muy pronto.

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