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Lunes, 10 septiembre 2018
CAVILACIONES EN RUIDERA

CAL, CALERAS Y CALEROS DEL ALTO GUADIANA (l) (Salvador Jiménez Ramírez)

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OPINIÓN | ELDIAdigital 1 Comentario

La cal, “cal viva”, es un óxido de calcio obtenido de la calcinación del carbonato cálcico natural, “piedra caliza”. El óxido se hidrata al contacto con el agua, con desprendimiento de calor y aumento de volumen, transformándose en hidróxido cálcico o “cal apagada” que, diluida en el agua se le ha venido llamando “lechada de cal; cal de blanquear”.

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La cal “apagada” mezclada con o sazonada con arena, formaba el popular mortero de cal y arena, empleado, con amplísimo espectro, en la  construcción  desde la antigüedad. A la cal, los romanos le llamaban calcis y la mezclaban con glarea. En tiempos de pandemias  era muy efectiva para “abrasar” los cadáveres, evitando con ello contagios…

 


Cuando en la ribera del alto Guadiana los vientos no eran de asfalto y el ámbito olía a plantas de monte, vega; a humanización del campo...,  los caleros faenaban un tanto al margen de ciertas veleidades de la subyugación y el poder… Se afanaban acarreando piedras y leña con las parihuelas y también cabeceaban a la vera de sus caleras, radicadas al pie de senderos arrieros y trochas carreras, despertando de golpe, cuando atrapaban el recuerdo de que a la calera le faltaba leña para la “quema”. Contaban de un calero, que “solo tuvo sueño feliz cuando dormitaba  envuelto en el crepúsculo que formaba la neblina del humo de su calera…”. Los últimos caleros de los que tenemos referencia, fueron el “Hermano” Francisco Parra y Julián Parra, que “quemaban” caleras en la parte sur de “las afueras” de la, entonces, aldea de Ruidera. “Pastrana”, originario de la población de La Roda (Albacete), en los años cincuenta, hacía cal  en  un “Vaso” que forjó con gran esfuerzo, a escasos metros de su casuca, en la ladera norte del  hoy conocido como “Peazo del Alto”, al pie del Cerro de las Canteras.

 

“Carraco”, que también era carbonero, por entonces, después de “Carbonear”y manufacturar cal en la finca de Las Hazadillas (actualmente propiedad de la administración), “quemaba” calera en un “Vaso” antiquísimo, situado en la trasera de la casilla de peones camineros, construida junto a la carretera Nacional nº 430, en la Cañada Real de Los Serranos, a unos trescientos metros, al oeste, del actual camposanto de Ruidera. Ventura Parra también pergeñó caleras, en la parte sur del Cerro de la Ermita, al fondo del arroyo que desemboca en la laguna del Rey,  y también cerca de la “Senda de La Osa”, en los ejidos de Ruidera.

 

A la par en el tiempo, Francisco Parra Alcázar, vecino del pueblo de Ossa de Montiel, “quemaba” caleras cerca del cortijo Era Vieja, (perteneciente y administrado por la Consejería de Agricultura) en los aledaños de la laguna Conceja, en un primitivo “Vaso” ubicado en el paraje conocido como “El Vallejo del Riñón”. Este calero tenía como socio a Bernardo Caravaca, de sobrenombre “El Niñete”. El padre de Francisco Parra Alcázar, conocido como “Redios”, fue uno de los carboneros más famosos de estos contornos Altoguadianeros.Todo apunta, a que un tal “Chaparrín, vecino de Ossa de Montiel, muy hábil construyendo “Vasos” u hornos de caleras, fue quien montó  las diez o doce caleras que se hallan dispersas en la finca de la administración: Hazadillas, Era Vieja y Madero. Y otro gran “Vaso” en el Coto de Ruidera (hoy propiedad de la familia Coplowitz), en donde se tenía por cierto, que la piedra caliza “era de la mejor” para hacer cal.

 

Durante varios años (preguerra y posguerra), “Chaparrín” quemó caleras en el Coto de Ruidera, asociado con Perico el de La Gabina; sucediéndoles, durante tres o cuatro años más, “Los Corraleros”, originarios de la población de Tomelloso. La mayor calera te todos estos contornos, de la cuenca del Alto Guadiana, estaba en la finca Cañada de la Manga, en el término municipal de Ossa de Montiel, que tenía dos puertas para introducirle la leña, con una capacidad para obtener más de cuarenta mil kilos de cal en cada hornada o “quema”. La ubicación de las caleras, guardaba estrecha relación con los rodales de leña, combustible imprescindible para la calcinación de la piedra. (Continuará este trabajo de investigación). 

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1 Comentario
Angel Rafael Mora Alcázar
Fecha: Martes, 11 septiembre 2018 a las 13:17
Otro recordatorio aportando datos, con pelos y señales de los trabajos y actividades de este rincón del planeta. En el 1978, participé en la monta y quema de una calera, me dejó impresionado como por la noche salía el fuego de entre las piedras, en medio del "copo incandescente"....

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