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Cartas de los lectores

enviado por Jaime91
13 de septiembre de 2016
El tiempo perdido
Lo peor de ser pobre en España es, sin duda, la cantidad de tiempo –o sea, de vida– que se le va a uno esperando recibir atención o poder disfrutar de los servicios públicos de los que sólo hacen uso, como es lógico, los pobres, pues los ricos, y sólo ellos, tienen suficiente dinero, o sea, tienen el privilegio de poder hacer uso en cualquier momento de sus diligentes, atentos, raudos, serviciales y solícitos servicios privados, ya sea transporte, sanidad, alimentación, trámites, gestiones, y cualesquiera elementos peregrinos privativos de su clase. Los que somos pobres y necesitamos coger -¡qué remedio!- un bus urbano para ir a trabajar, lo más probable será que ese bus, día sí y día también, llegue con grave retraso y con un número excesivo y asfixiante de viajeros -¡el horror del verano!-, y, para más inri, tarde bastante más de lo esperable en llevarnos a donde queramos. Si vamos a la sanidad pública, será un milagro sublime que la espera sea corta y razonable. Al tener que pedir una ayuda social para vivienda de protección oficial, extraño sería que el Estado o la Autonomía no se demoraran hasta lo humillante no ya en otorgarla, sino siquiera en analizar nuestra situación para saber si al final podremos tener esperanza de vivir bajo un techo propio, y no andar de alquiler en alquiler abusivos. Así es como se crean mundos paralelos en sociedades divididas formadas por clases abismalmente separadas.
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